
La puerta del baño no cierra bien. Hay que sujetarla con la mano, para poder estar tranquila. Yo no entiendo nada, ni siquiera aquí puedo hacer pipí, porque tengo miedo que alguien pueda estar mirándome. Me subo la falda, me bajo el calzón y ya veo que aparece Jaime diciendo que no me he depilado, que le gusta así, o que me veo más linda "que la cresta" y que quiere que lo hagamos aquí mismo. Está loco. Ando indispuesta y no puedo darle ni un gustito, porque no tengo ganas de nada.
Ando en "esos días" y esos días no me toca ni el aire. Me levanto del baño y me lavo las manos, sin dejar de soltar la puerta con el pie derecho. Pienso en la tontera de tener que andar escondiéndome del tipo que me gusta. ¿Qué tanto digo yo?. Si total, igual me gustaría que entrara al baño, se pusiera de espaldas a la puerta y me agarrara, como lo hizo el lunes cuando volvió de la pega y me dio unos mordiscos en el cuello, que me hicieron inventar que me había dado algo así como "una alergia". Nadie me creyó. La alergia no deja morado.
Jaime es un tipo atractivo. De esos "washones" como dice la Pilar. Mide como un metro noventa y tiene las manos grandes, como me gustan a mi, las manos de los hombres. Tiene cara de niño, pero yo sé que se las sabe por libro. En la mesa el otro día, me miró con sus tremendos ojos negros que tiene y sin decirme nada, yo sentí que me recorría entera. Me hice la lesa. Su hermano Joaquín, cuatro años menor que él y ojos color cielo, casi se dio cuenta y yo le puse una sonrisa como diciendo que rica está la comida y estoy segura que ni me creyó. Jaime me miraba desde los pies a la cabeza. Sentí un calorcito rico que me invadía la entrepierna, pero me hice la tonta no más. Me acomodé un poquito y puse carita de pava, como de las que no cachan una. No vaya a darse cuenta su mamá y ahí si que queda la "tendalá", como dice ella, cuando pasan cosas que no deben pasar. A veces pienso que no debería estar viviendo en esta casa.
Si supiera la tía.
Vivo con la familia de Jaime hace unos meses, porque mi papá es primo en tercer grado de su mamá. Necesitaba encontrar un lugar donde vivir, luego de quedar en el curso de especialización, para secretarias bilingües, que imparte la Universidad Católica. Esa que queda en la Alameda y tiene un Cristo arriba en el techo. Al principio no sabía nada de Santiago, me perdía en las micros, no sabía cómo usar la tarjeta Bip esa y la gente me miraba con desconfianza. La tía me dijo que no era usual que las chiquillas anduvieran sin sostén todos los días. Yo le dije que me daba calor, pero ella me sugirió que usara no más, sino no iba a dejar títere con cabeza, niña por Dios. Y me puse unos medio deportivos, que me tienen las pechugas más apretadas, pero ya me acostumbré. Se me ven bonitas. Como dos manzanitas. Un señor me dijo el otro día si ya estaban listas para caer del árbol. Qué se habrá creído ese señor. Mire que piropearme así. En el sur, las manzanas caen cuando ellas quieren caer.
Me acogieron super bien en la casa de Jaime. Me tratan como a una hija más. Joaquín es amoroso conmigo, pero como es el más chico, a veces lo noto serio, porque seguro está celoso de haber perdido protagonismo. Si no fuera por esa mirada preciosa que tiene, diría que le caigo mal, pero es bueno conmigo. En general, todos, pero Jaime que cree que soy su nueva conquista. Su mamá le dijo a mi papá que donde mejor podía estar era con ellos. Claro que le comentó que su hijo era medio "picaflor" y que si yo me sabía defender, porque aunque fuéramos primos bien lejanos, ella sabía que su hijo era bueno para dárselas de picarón. Estos cabros no piensan en nada. Sólo andan por ahí, buscando la ocasión para equivocarse, primo. Mi papá sonrió y no le dio mayor importancia, porque el también a esa edad era picarón. Picarón, si claro. Mi papá, porque Donjuan y casanova es poco para Jaime. Si supiera su mamá, que en las noches, me mira por el hoyito de la pared y yo me hago la tonta, porque lo escucho como respira profundo y rápido, haciendo esas cuestiones que les gustan a los hombres. Y me siento como una "artista", de esas que bailan por ahí. Muevo las caderas y me tomo el pelo, sabiendo que el tonto está detrás de la pared, como cabro chico, saciando la pasión que a sus 25 no conoce de verdaderos placeres.
Cuando terminamos de almorzar y sus papás dijeron que irían a hacer la siesta, yo me tiré en el sofá con mi libro nuevo de "redacción y traducción: tomo I". El papá de Jaime me miró con sus inmensos ojos sacados del mar y me dijo "que le rinda mijita", como haciéndome sentir cercana. Y ahí llegó Jaime. Con su camiseta blanca ajustada y esos jeans que le quedan super bien. Me preguntó si me molestaba que se echara al lado mío. Yo pensé en un momento: ¿Molestarme?. Si supiera el tontorrón que me sube una cosa al pecho y me siento la mina más caliente del planeta cada vez que se pone a mi lado. Siéntate no más, oh. Le dije. Y se tiró el muy vaca, al lado mío. Pegadito como babosa a la pared en verano. Y yo leía. La utilización de los pronombres... Sí, pues. Si una es señorita. No voy a andar tirando el poto a la chuña, con el primero que aparezca. Bueno, no es el primero. Lo sé, pero no se las voy a dar así tan fácil.
Cuando terminamos de almorzar y sus papás dijeron que irían a hacer la siesta, yo me tiré en el sofá con mi libro nuevo de "redacción y traducción: tomo I". El papá de Jaime me miró con sus inmensos ojos sacados del mar y me dijo "que le rinda mijita", como haciéndome sentir cercana. Y ahí llegó Jaime. Con su camiseta blanca ajustada y esos jeans que le quedan super bien. Me preguntó si me molestaba que se echara al lado mío. Yo pensé en un momento: ¿Molestarme?. Si supiera el tontorrón que me sube una cosa al pecho y me siento la mina más caliente del planeta cada vez que se pone a mi lado. Siéntate no más, oh. Le dije. Y se tiró el muy vaca, al lado mío. Pegadito como babosa a la pared en verano. Y yo leía. La utilización de los pronombres... Sí, pues. Si una es señorita. No voy a andar tirando el poto a la chuña, con el primero que aparezca. Bueno, no es el primero. Lo sé, pero no se las voy a dar así tan fácil.
Jaime empezó con la tontera de jugar a "las palabras que empiezan con": A. Aro. Abeja. Avispa. Amor. Aleluya. Ay. Amigo. Amante. Amigo!, repetí sin darme cuenta y me retó y dijo que perdía, porque ya la había dicho. Pasamos por todo el abecedario y mientras avanzábamos sentí que ya casi no hablábamos, susurrábamos. No niego que me gustó. Me decía al oído: piedra, pomelo, paz, parte, peces, polcas, payaso, picos, pasas, perro, pudú, pinto, pera, pene...Jaime estaba rozándome con todo su cuerpo y a mi se me escapó un gemido. Por suerte fue en su oreja y no había nadie más ahí. Empezó a frotarse contra mí y yo como que lo dejé al principio, pero después le dije que qué se creía que era yo. Y me pare y me arreglé el calzón que se me metió un poco en el poto y camine como la mina del comercial de shampoo que no pesca al tipo, pero igual le tiene ganas, rumbo a mi pieza. Me sentí la Jeniffer Aniston de esa casa.
Me quedé pensando toda la tarde en Jaime. Su mamá me preguntó si me había servido el silencio de la casa, en la tarde, para estudiar y yo le dije que sí, ni se imagina tía. Avancé tanto con mi lectura de redacción e introdu.. perdón, traducción: tomo I, que ya me sé toda la materia. Me pasé para mentirosa. No aprendí ni una cuestión. Es que no se puede con el Jaime al lado. Si ese cabro sabe que me gusta y yo no hago nada para dismularlo. Y el también se hace el tonto, porque se le ocurre ponerse esas poleras ajustadas, que dejan ver todos sus músculos y esa guata plana y fibrosa que tanto me exc...me gusta. Y mas encima me muestra cómo su pantalón le empieza a quedar chico. Así no se puede. Si una no es de fierro tampoco. Después dicen que somos nosotras las que andamos provocando.
Me fui a clases temprano al día siguiente. No me podía ni los párpados, de puro estúpida, porque en la noche, como la mamá de Jaime no se quedaba dormida, el muy pavo se puso a mirarme por el hoyito y yo me hice la lesa, pero le hice un show bien erótico. Me puse unas pantaletas rojas y como haciéndome la tonta, que no me cuesta nada, me acerqué bien al hoyito de la pared y puse todo mi "pussy", sabiendo que este tonto estaría detrás, casi con la lengua afuera. No sé si fue así, pero escuché clarito cuando se le terminó la fuerza. Y ahí me acosté. Y no me podía quedar dormida. Me imagine que Jaime me besaba entera y me hacía el amor, como el protagonista de "Amada hasta el amanecer de un día nublado", que fui a ver una vez con la Pilar y amanecí más cansada, que me metí al tiro a la ducha. Y me lavé bien lavada, porque estaba un poco sudorosa. Y decidí que si el cuerpo de Jaime quería salsa, yo sería su tallarín.
Planeé mi estrategia durante varios días. Tal como en las pelis españolas que tanto me gustan, ocupé la técnica de la mina que no pesca, pero que deja ver su interés. Cada mañana, al despertar, le daba un beso en la mejilla, asegurándome de dejarle humeda la piel y de pasar bien cerca al alejarme, para que mi perfume se quedara en la punta de su nariz. Pobre Jaime. Su cara de corderito me provocaba pena y pudor. Mi estrategia rendía frutos. A la hora de almuerzo, él hacía de las suyas y le decía a la tía que la iría a dejar para que no se cansara. No ve mami, que usted no está para estos trotes y se puede cansar y después tenemos que llevarla a la clínica. Le decía el muy cínico, para lograr quedarnos otra tarde a solas.
Yo me instalaba sagradamente en el sillón y él estrenaba nueva camiseta, dando rienda a nuestro "palabras que empiezan con" y nos hacíamos los tontos. A mi ya no me estaba provocando nada su roce en mi cadera y decidí ponerme más osada. Ramo. Rosa. Rubí. Riquelme. Rico. Raya. Resumen. Rasurar. Rasguño. Rugir. Remar. Rabia. Rica. Rodar. Radar. Rica...Otra vez. Le dije que si se equivocaba de nuevo tenía que pagar manda y hacer lo que yo quisiera. Él, baboso como todos los hombres, no dudó en aceptar.
Zapallo, zuácate, zapato, zorro, zafiro, zoológico, "zafari"... Yo creo que lo hizo a propósito. Mira que safari se va a escribir con Z. Mi curso de secretariado algo más que dactilografía me había enseñado. Se puso de rodillas y me dijo que le pidiera lo que yo quisiera. Y por mi mente pasaron uno a uno los sueños que tuve desde que llegué a esa casa. Jaime me tomaba por el aire y me hacía gritar; se disfrazaba de Superman y yo era la chica en problemas que el acudía a rescatar; yo era Jane en la selva y el mi desnudo Tarzán. Yo estaba en la cima de un cerro y Jaime era un explorador que me rescataba de las garras de un oso; Jaime era un rockstar y yo era la única chica del público que el rescataba para pasarle su polera bañada en sudor por todo el cuerpo; yo era Wilma y el mi Pedro Picapiedra; Jaime era el asesino de Alguien te Mira y yo su víctima, claro que nunca llegaba a matarme; otras veces yo era una bailarina de nightclub y el mi mejor cliente, que me daba las mejores propinas; a veces soñaba con su boca en mi entrepierna y ... Ya pues, dime qué quieres, me gritaba interrumpiendo mis sueños. Ya sé le dije, quiero que me des una sorpresa en el baño, como la del otro día, le insinué coqueta. Se puso rojo y me dijo que cómo se me ocurría, que nos podían pillar, sobre todo porque el pestillo estaba malo. Ah, no te crees tan hombrecito, le reproché. ¡Quiero una sorpresa!. Y me paré de un salto, mientras él trataba de dismular su excitación.
"I touch myself , I don't want anybody else, Oh no, oh no, oh no", me puse a cantar a todo lo que da, en el baño, mi canción favorita, por no decir la única que me sé en inglés de The Divinilys, tomándome el pelo y esperando que Jaime apareciera. Nunca llegó. Me sentí una tonta. Y de paso decidí no pescarlo más. Mira que hacerme esperar para tener mi sorpresa y darse el lujo de dejarme con los crespos hechos. A mi no se me hace eso. Y seguí cantando más fuerte, sintiéndome la estúpida Penélope sentada en la estación.
Para vengarme, decidí tapar con papel el hoyito de mi pieza y así dejarlo con las ganas de nuestro juego tácito de cada noche. No dijo nada el muy sinvergüenza, sólo comentó en la mesa, que le gustaría que el tiempo volviera atrás. Y me pegó una mirada de esas de teleserie, cuando el culpable mira a su víctima y la sentencia al silencio. Yo no hice caso y le dije a la tía que estaba haciendo un frío tremendo en la noche, que estaba pensando poner papel en toda la pieza. Y ahí el Jaime se avivó. Yo la ayudo mami, una señorita no puede andar haciendo cosas de hombres , arguyó para no ser interrogado, por su repentino interés. Y se fue derechito a mi pieza, con dos rollos de papel mural, que sacó de una despensa y yo lo seguí. La tía se fue a lavar la loza y le escuché decir algo así como "estos cabros de hoy en día".
Entró a mi pieza como quien descubre la casa de un mago. Miraba todo casi maravillado. Me dijo que no sabía que era tan ordenada y que de dónde había sacado tantos discos. Así es una poh, se cuenta el milagro, pero no el santo. Y tomó mi disco de Depeche Mode y lo puso en el equipo, mientras se tocaba el brazo derecho, como haciendo que le dolía justo en el músculo. Yo tomé el rollo de papel y le dije que le esperaba mucho trabajo, mientras le pasaba mi nariz por la oreja. Se quedó literalmente tieso y se puso como niño. A mi me dio lata y le dije que esperaba que fuera más osado. Este gallo para mí que es virgen, pensé. Y se dio media vuelta y me agarró a besos ahí mismo. Casi me mori, porque me apretó super fuerte y no me dolió, pero sentí que me quería demostrar que quien mandaba en ese momento era él. Y chita que mandaba bien. Nos quedamos callados por más de una hora, tapándonos la boca el uno al otro y disfrutando de lo que tanto queríamos que pasara. Claro que en mis planes no estaba lo que vendría después.
Tabla. Tenor. Ternura. Tapiz. Telón. Tetera. Teta. Tete. Tapir. Tahúr. Tenoxtitlán. Tocar. Trepar. Taladrar. Tapia. Tuyo. Tenaz. Tilde. Toldo. Tuna. Tocar!. Ya Jaime córtala, siempre repites a propósito. Y se hizo el tonto. Así nos pasábamos las tardes enteras jugando a "palabras que empiezan con". Cuando ya me estaba aburriendo del jueguito decidí que me equivocaría yo, para hacer que Jaime me pidiera lo que él quisiera. Lamentablemente no lograba repetir ninguna palabra, por hacerme la astuta y este tonto se equivocaba a cada rato. Decidí no jugar más por algunos días.
Las tardes que Jaime me extraño se las pasó encerrado en su pieza, mientras mi amiga Pilar y yo conversábamos y estudiábamos para los exámenes de redacción. Me cambié de polera porque hacía calor y me quede así, sin sostenes mientras le decía a mi amiga que me quería poner siliconas. Hasta que en un momento crei ver que un ojo daba vueltas en el hoyito aquel y me decidí a espiar. Cuando me acercaba, el ojo aquel ya no estaba. Mientras dejaba de mirar volvía a aparecer. Para mí que éste me quiere provocar, le comentaba a la Pilar. Lo que me extrañó era que no me había percatado que el ojo era azul y no negro como el de Jaime.
La Pilar se fue como a las ocho una tarde y Jaime insistió que jugáramos nuestro juego. Asentí amenazándolo que si perdía no jugaría nunca más. Loca. Lechuga. Lapa. Lámpara. López. Lavadora. Lenteja. Lios. Lastra. Lesbiana. Libidinosa. Labio. Lápiz. Lengua. Lota. Lingual. Lepidóptera. Lagarto. Lengua! Me equivoqué yo y Jaime se puso a reír largamente. Bueno ahora me tienes que pagar. Me sentí tan contenta, que me puse a decir "ya, ya, ya" como condenada y parece que eso lo excitó aún más. Me pidió que lo toqueteara ahí mismo y que no me preocupara, porque no había nadie en la casa. Y ahí estaba yo, haciendo lo que el señor me pedía. Me sentí usada. El muy infeliz fue incapaz de darme la sopresa que le pedi en el baño y ahora yo era su facilitadora manual.
Me fui a lavar las manos y a pensar frente al espejo cuando una mano enorme me tapó los ojos y la boca. Me asusté muchísimo y quería gritar, pero el portazo en la puerta y la forma en que me bajaron los calzones me hicieron relajarme, porque Jaime al fin había actuado. Me dejé llevar. Me entregué como una niña a mi primo en tercer grado, que me hacía suya con una mano en los ojos y un pie en la puerta, por si a alguien se le ocurría entrar. No me había fijado lo bien que lo hacía y cómo lograba hacerme feliz. Sentí cada rincón de su cupero y me sentí sorprendida. Como si antes no hubiera reparado en sentidos, tamaños, ni formas. Fue rápido y excitante. Cuando terminamos una mano tapó mis labios y unos tremendos ojos azules me miraron desafiantes, pero con la juventud de un cabro de mierda, que se las da de grande: "No querías sorpresas, espero que te haya gustado ésta, porque ahora yo también quiero jugar contigo. Empecemos al tiro: Con P: Paisana. Perspicaz. Pava. Patuda. Puta!"
Cuando Joaquín salió del baño, el mundo cayó sobre mis hombros. Me senté en la taza y lloré como la viuda del oficial de guerra, que no volvió de Vietnam. Sujeté con el pie derecho la puerta, por si a alguien se le ocurría entrar y prometí que nunca más jugaría a la niña bonita. Al menos no en una casa, donde mi show fuera visto por clientes que no invité a mirar.